En INSALUS somos claros con el agua

CLARO CON EL AGUA

Salir a comer y a la pregunta “¿Para beber?”, llega la respuesta “Agua”. Tras esta breve conversación la mayoría entendemos que cuando decimos agua en un restaurante van a servirnos agua mineral. De hecho, lo habitual es que a continuación aparezca el camarero con la botella de agua mineral en las manos para abrirla en nuestra mesa.

Ese gesto ha ido cambiando en los últimos tiempos y en muchos locales al pedir agua lo que nos traen es el agua del grifo. En otras ocasiones el despiste puede ser mayor ya que sirven en una botella agua filtrada que en algún caso podría parecer que es agua mineral pero no lo es.  Se trata de agua del grifo a la que se le han quitado varios compuestos propios del agua del grifo, principalmente el cloro, elemento fundamental en seguridad alimentaria. Estas dos situaciones no tendrían nada de excepcional si el cliente tuviera la información completa del agua que está consumiendo y sobre todo, que a la hora de pagar la cuenta tuviera claro por qué tipo de agua está pagando.

Tomar agua del grifo o agua filtrada al salir a comer o cenar fuera es una opción tan válida como la de tomar agua mineral. Lo que es fundamental es saber qué agua se está tomando y lo que el local está ofreciendo al cliente. Como consumidor no hay nada peor que tener la sensación de que te han cobrado por algo que no has tomado; pensar que estás consumiendo una cosa cuando en realidad estás tomando otra. Esa es la sensación con la que se queda el cliente cuando toma un agua del grifo, filtrada o no, pero por la que le cobran un precio igual o muy similar al de una botella de agua mineral.

Ni el producto es el mismo, ni las garantías que pueden ofrecer al consumidor son iguales. Una botella de agua mineral tiene todas las garantías de seguridad y salubridad. El etiquetado identifica su composición y en caso de que se detecte algún problema se podría averiguar rápidamente el origen, ofreciendo así una mayor confianza y tranquilidad al consumidor. Las aguas minerales son un producto alimentario puro desde su origen, por eso no necesitan ni reciben ningún tratamiento químico para su consumo.  Sin embargo, el agua del grifo, tiene distintas procedencias y debe ser tratada y se le añade cloro para que su consumo sea seguro. Son dos opciones, válidas ambas, pero distintas.

Desde INSALUS queremos sumarnos por tanto a la iniciativa #Clarosconelagua que tiene como objetivo fomentar el conocimiento sobre la procedencia y características de las aguas que se sirven en restaurantes y establecimientos hosteleros. Se trata de ser transparentes y de que el consumidor tome sus decisiones contando con toda la información. Así, ganamos todos.